El "aparatik" enchulado, por Ernesto Evans Espiñeira
Fecha de publicación: 22-01-2008
Después de las últimas designaciones, lo que realmente está de moda en el accidentado desfile del segundo tiempo son los partidos, y no los ciudadanos. Y dentro de los partidos, lo verdaderamente relevante no es ni la periferia, ni los votos, ni las personas, ni los más capaces, ni el entorno, ni las bases, ni los emprendedores, y menos los privatizados.
Lo que ahora la lleva es "el aparato" o "aparatik". A veces llamado en otra lengua "machine", el aparatik encarna la simple lógica del ejercicio circunstancial y temporal del poder, endiosada como un fin en sí mismo. Es el gobierno del aparato, por el aparato y para el aparato.
Así es. Y a la casa se fueron los Expansiva y Chile21. Y tarjeta amarilla, además, para el Ministro Velasco, otrora fiel representante de la tecnocracia ilustrada. Vuelven en gloria y majestad los viejos estandartes, y la "aparatikcracia" que creeríamos olvidada y desterrada.
Regresan con tutti el juego corto, el equilibrio interno, el sobajeo al "amigi", el mensaje indirecto y también directo. Regresa en plenitud "il negozio" político. En fin, vemos con preocupación que se instala públicamente la necesidad de cuidado y aceitado al nunca bien ponderado aparato partidario, y altos representantes del viejo orden son ahora Ministros, Subsecretarios, Directores y ejecutivos de empresas del Estado.
La aparatikcracia tiene, eso si, un problema. Varios ciudadanos que son muy capaces no pueden entrar a dar su aporte, porque sencillamente no encajan en la lógica de la machina, y no conforman "il negozio".
No hay invitaciones, sencillamente porque no se aprecia la periferia. Como no estás dentro, no existes: "Aparatik, ergo sum", declara el filósofo del gambeteo, del juego corto y el área chica. Pero no olvidemos que la última elección ganó, en segunda vuelta, Bachelet por exactamente 3.723.019 contra 3.236.394 votos de Piñera. Recordemos además que tenemos un tremendo desgaste porque el gobierno ha tenido graves errores.
Las elecciones se ganan por adhesión y convicción también de la periferia, que aporta más de 500 mil votos, y se cree muy capaz de aportar y dirigir sus destinos. Ignorar a los ciudadanos privilegiando al aparato es riesgoso, mala señal. Con mayor razón ahora, en el segundo tiempo, donde esperábamos mayor innovación, al menos en los rostros.
