La responsabilidad política de la DC es proclamar a Alvear ahora. Por Luis Conejeros S.

Fecha de publicación: 26-10-2007

Por Luis Conejeros S.


La democracia cristiana tiene razones para estar satisfecha. Realizó un Congreso Ideológico que congregó a más de 2 mil 300 militantes un fin de semana largo a repensar la política y los postulados del partido.

Lejos de lo que se ha dicho, en la oportunidad la DC no sufrió de una “izquierdización” pasada de moda, por el contrario avanzó en un reenfoque hacia sus postulados históricos más relevantes, el cual fue respaldado y casi obligado por sus propias bases y, de pasada, casi sin quererlo, constituyó un programa de campaña presidencial de gran nivel con un amplio sello de progresista y de justicia social.

La frase de que evoca a San Alberto Hurtado y al Cardenal Silva Henríquez no es sólo propaganda, muy por el contrario, hace sentido e identifica a gran parte de quienes somos demócrata cristianos. Une y representa bien el sentir de los delegados presentes en el Congreso.

Pese al desaguisado protagonizado por Mariana Aylwin el Congreso Ideológico fue un éxito y ese éxito prestigia, por sobre todo, la presidencia de la DC ejercida por Soledad Alvear y a su directiva.

Se dio garantías de real expresión a todos los sectores, el “oficialismo” partidario resistió las tentaciones de sacar ventajas pequeñas en una oportunidad importante para la DC (pese a que es evidente que en el extremo de forzar posiciones el alverarismo es hoy mayoritario en el partido) y de paso se mostró a los aliados de la Concertación que después de dos períodos sin candidato presidencial, la DC permanece propietaria de la mejor y más completa “máquina electoral” que se puede encontrar en la política chilena.

El resultado del Congreso son definiciones programáticas que le aportan una dosis de frescura, progresismo y “chasconaje” o desorden a un partido con imagen fome, que como contraparte tiene en su liderazgo más posicionado, Alvear, a una candidata estudiosa, seria y tradicional.

Mientras el partido como conjunto se abre a sectores nuevos, la candidata da buena cuenta de las adhesiones más tradicionales.

En ese esquema, resultaría poco entendible que otros liderazgos de la DC sigan apostando a un decaimiento o desgaste de Alvear.

Mientras todo el mundo ve a la DC “izquierdizada”, Adolfo Zaldívar sale en la foto mirando para la derecha en un esfuerzo por posicionar la “corrección del modelo” y amenazando la permanencia en una Concertación que el 99% de la DC valora y quiere.

Por su parte, Eduardo Frei recurre al argumento de “amarillismo” (“ni chicha ni limoná”) cuando toda la prensa destaca que la DC fue demasiado categórica en el tema laboral, en educación y en la relación con Bolivia, por nombrar sólo algunos.

Es decir, el intento de algunos líderes de posicionarse en las esquivas encuestas tiene como único resultado una contribución al desorden de un partido que por su naturaleza está llamado a contribuir precisamente a lo contrario: ordenarse, ordenar a la Concertación y contribuir al éxito del actual gobierno. Esta es la única fórmula para pensar en el futuro de la Concertación.

Se ha planteado casi como opinión políticamente correcta que adelantar la campaña presidencial es una irresponsabilidad y una deslealtad al Gobierno de la Presidenta Bachelet. A mi juicio (y sin ser alvearista), para la DC esto es absolutamente al revés. Si lo que se desea es que al Gobierno le vaya bien, sea exitoso en sus políticas y efectivo en su accionar, un requisito crítico es contar con una Concertación y una DC ordenada. Nada podría dar más orden que una proclamación cuanto antes de Soledad Alvear como candidata presidencial DC.

Ello definiría al partido en torno a ciertas tareas básicas: colaborar para que la primera mujer presidenta de Chile sea exitosa, buscar acuerdos nacionales que permitan destrabar polémicas artificiales, erradicar elementos permanentemente disonantes que salen de la propia DC, personalismos políticos y legislativos, pero por sobre todo, dar un sentido de unidad al partido más importante de la Concertación y una sensación a la militancia concertacionista de que la próxima elección presidencial es ganable.

Iniciado el 2008 y las campañas municipales que vienen a lo largo del país, será clave la existencia de liderazgos y objetivos claros, comprometidos con el éxito y con una buena dosis de optimismo, para el desarrollo y la existencia futura de la Concertación.

Por el contrario, los liderazgos negativos, críticos y autodestructivos sólo pueden seguir acrecentando el descrédito de la política.

Por cierto, para que ello sea posible se requiere de una gran cuota de generosidad por parte de quienes tienen legítimas aspiraciones y de la habilidad política suficiente del alvearismo para integrar con decisión aportes políticos necesarios y renovados, como los que hace Marcelo Trivelli, el único candidato ya declarado.

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