“El Puntito”, los 180 lugareños que se salvaron del tsumani, el actor Francisco Reyes (conde Vrolok) trabajando "como uno más" y la pequeña heroína que tocó el gong antes que se abalanzara una gigantesca muralla de agua. Las historias desconocidas que dejó el maremoto en la Isla Juan Fernández. Por Oscar Reyes P. desde Robinson Crusoe

Fecha de publicación: 11-03-2010

Por Oscar Reyes P. desde el Archipiélago Juan Fernández.

La isla Robinson Crusoe en su sector sur huele a muerte. Claro. En ese lugar estaba el cementerio de esta localidad ubicada a 660 kilómetros de San Antonio, casi en línea recta hacia el mar.
Una muralla de 20 metros de agua arrasó con todo a su paso. Barcos de cinco toneladas, escuela, posta, municipalidad, 50 casas, locales comerciales, gimnasio y obviamente las tumbas del cementerio.
Muchos de los enterrados allí fueron "escupidos" de su última morada. Pero así como sufrieron, los 650 lugareños empiezan a reconstruir su amada isla, conocida por las langostas y el famoso pájaro pícaflor.
Robinson Crusoe tiene la mayor cantidad de muertos por cantidad de habitantes en este terremoto. 16 personas fallecieron. Y eso que casi no hubo movimiento sísmico.

El recuerdo del "puntito"

“El Puntito” era un pequeño de ocho años conocido por todos los isleños del Archipiélago Juan Fernández. Era un chico distinto. Inquieto más de lo normal. Tenía una inteligencia  superior a su edad. Tenía una personalidad extrovertida y era capaz de conversar con cualquiera y rebatir sus puntos de vista.

Un policia recuerda una anécdota: “En el último viaje de la Presidenta Bachelet a nuestra isla, para que lo tomaran en cuenta llegó muy rápido al grupo cercano que rodea a la mandataria. Llegó en bicicleta, pero de la emoción al ver a la Presidenta no alcanzó a frenar y botó al jefe de los escoltas. Le pidió excusas y se abalanzó sobre la Presidenta con un dulce conocido como kojak en sus manos”. Bachelet lo besó y le dijo: “Me dejaste toda pegoteada”. “Es que quería besarla, no más”, le dijo Joaquín Ortiz Fajardo, “el puntito” como era conocido en la Isla Juan Fernández.
“Es un viejo chico hermoso” cuenta en tiempo presente su joven abuela, la ex Concejala DC, Ximena Green, quien no se resigna verlo muerto.
“El puntito” es uno de los 16 fallecidos en esta isla ubicada a 667 kilómetros de las costas de Valparaiso, declarada zona protegida de la biósfera mundial.
Aquí en Robinson Crusoe el maremoto llegó como una gigantesca muralla de agua que envolvió la Bahía de Cumberland, donde vivían cerca de 700 isleños. En este archipiélago no terremoteó y sólo se sintió un pequeño movimiento. Pero el mar se “recogió” por cuatro minutos dejando barcos de más de cinco toneladas en el suelo marino, sin agua y luego en forma embravecida se abalanzó con todo a su paso.
El barco de cinco toneladas fue lanzado literalmente a dos kilómetros de donde estaba y el agua a su paso arrasó con cerca de 50 casas, locales comerciales, la escuela pública, gimnasio, posta, y todo lo que encontró. Sólo cinco añosas y gigantescas araucarias de más 200 años, ubicadas en lo que era la plaza de la isla resistieron el feroz embate de las aguas. El mar se llevó tumbas y cuerpos que fueron sacados de su última morada. Féretros y cadáveres quedaron a la vista de los lugareños, siendo rápidamente tapados por la comunidad y vueltos a ser sepultados.

El agua, de paso, se llevó lo más importante: cerca de cien personas que dormían en la zona baja de la isla. Más de ochenta lograron sobrevivir arrancando, huyendo hacia el cerro o nadando en el bravo mar o salvándose providencialmente, como el que dormía en la barcaza de cinco toneladas y fue “escupido” de su propio barco y logró escapar, “no se como” me dice mirando el mar. “Me dijeron que me tenía que tratar con un sicologo. No puedo dormir de ese mismo día. Ando sobresaltado”, me señala este pescador de langostas.
“El Puntito” era nieto de una de las personas más conocidas de la isla. El pescador Guillermo Martínez, quien le colocó ese apodo. El pequeño vivía con Martínez desde los diez meses de edad. “Me ayudaba en todo el tema de la pesca. Me preparaba el bote, las redes, aparejos”.

El pescador del Tapsin
Guillermo Martínez se hizo conocido en todo Chile cuando grabó un comercial para Tapsin donde promocionaba este producto para los resfrios y gripes. Aparecía arriba de un bote, remando, y le hablaba a la cámara sobre las bondades del Tapsin. Fue grabado hace cinco años en un día lluvioso en esta bahía y aún la empresa promociona el producto con su curtido rostro. 

Hoy recuerda con pena y resignación los últimos momentos del “puntito”. “Nuestra casa fue sacada de cuajo. A la primera ola despertamos todos y arrancamos al cerro. Miré a mi señora y a otras nietas y pensé que “el puntito” también había salido porque era rápido. Pero no fue así. Ahora no quiero que me lo entreguen muerto para entrerrarlo. Él amaba el mar. Si se lo llevó, que se quede ahí no más. Y cuando salga a pescar, él me acompañara siempre en mi bote” dice Martínez con congoja. Su esposa, Ximena Green lo interrumpe: “Y cuando mires al cielo, no vas a ver estrellas. Verás puros puntitos”.   

La barcaza Valdivia y la salvada providencial de 180 jóvenes

Pero el maremoto en este Archipiélago que lo componen tres islas, la Robinson Crusoe, la Alejandro Selkirk y la Santa Clara, tuvo una buena.
La Armada en forma regular, a fines de diciembre desde Valparaiso a la Bahía Cumberland, trae a los jóvenes y niños que estudian en el continente. Sin costo alguno. Y luego a fines de febrero, los devuelve de nuevo al continente para su año lectivo.
Esta vez el regreso a Valparaiso de la barcaza se adelantó en forma más que providencial: se hizo cinco días antes del maremoto.
“Hubiera sido terrible” nos dice el alcalde subrogante, Fernando Sancho. Y agrega: “La zona devastada, la que fue destruída, estaba llena de restaurantes y pubs. Incluso había un local con karaoke. El fin de semana anterior al maremoto, era común ver a jóvenes hasta cerca de las cinco de la madrugada. Los locales se llenaban y los que no entraban conversaban fuera de éstos. Esos mismos jóvenes se fueron el domingo anterior con los marinos”.
“Si el maremoto hubiera ocurrido la semana anterior, estaríamos lamentando –quizás- la mayor cantidad de víctimas del país”, nos señala el suboficial a cargo del retén de la isla.

Hoy en Juan Fernández están en tareas de apoyo y limpieza las fragatas Condell y Latorre. Decenas de marinos trabajan incesantemente en “ordenar y limpiar” la zona devastada. Y también cerca de 20 buzos tácticos de esta rama de la defensa, continúan en la búsqueda de los seis desaparecidos, que se los llevó el mar a sus profundidades.

La tarea se normaliza. Empieza la reconstrucción

En esta isla se ha dispuesto que las clases se inicien el 22 de marzo. En los próximos días llegarán por barco ocho salas tipo mecano para dar inicio al año escolar, ya que la escuela fue arrasada. Sólo quedan los pilares y el cimiento. Ya llegaron varios computadores para realizar clases y otros materiales de estudio.
Respecto de las casas destruidas, el gobierno se comprometió con 50 casas básicas de 36 metros cuadrados que servirá para la emergencia, mientras se reconstruyen las casas definitivas.
El subsecretario de Investigaciones, Ricardo Navarrete que fue enviado por la Presidenta Bachelet, junto al Gobernador de Valparaiso, Ricardo Bravo ya comprometieron sus esfuerzos para que la reconstrucción de esta isla comience lo antes posible.
“Hablaré con las nuevas autoridades que asumen este jueves para que sepan que acciones tomamos nosotros y que ellos puedan hacer una posta con las decisiones que ya se hicieron en beneficio de la comunidad”, señala el hasta este jueves subsecretario-delegado presidencial en Robinson Crusoe.
El subsecretario Navarrete señala  que "uno ha recibido  información durante toda la semana de la gente que estuvo aquí desde el primer minuto; he visto imágenes por la televisión, pero recorrer el lugar, ver el desastre, es algo indescriptible. Es como si el pueblo hubiese sido exterminado, como si hubiera ocurrido un bombardeo a gran escala”, expresó.


Planteó que “todo lo que se puede hacer, se está haciendo. Hay personal de la Armada y de Investigaciones. Los mismos pobladores están trabajando intensamente para limpiar el lugar y con prontitud iniciar la reconstrucción”.


El subsecretario señaló que tanto el gobierno que está dejando el poder como el que viene ayudarán a reactivar la isla, a sus instituciones públicas y al turismo. “Todo lo que aquí había, se va a reponer", indicó.


Francisco Reyes y la pequeña heroína

En tanto, decenas de jóvenes de la isla se mezclan con los marinos en el trabajo de reconstrucción.
Entre ellos está Martina Maturana, hija de un cabo de Carabineros, cuya casa fue destruida y arrasada por el mar. Ella fue la que tocó el gong en la plaza de este pueblo cuando vio que los botes que están en la pequeña bahía, se quedaron en el fondo marino. Ahí ella observó que el mar se recogía. Corrió instintivamente y tocó el gong de alerta.

Luego de notar que algo extraño había ocurrido, le avisó a su padre, quien además de tranquilizarla, llamó al continente para recabar datos sobre el posible sismo.


Martina, al escuchar que su abuelo, residente en Valparaíso, confirmaba la tragedia que a esas horas se desataba en Chile, miró por la ventana y observó que los botes de la bahía saltaban y chocaban entre sí.


Entonces corrió a la plaza del pueblo y tocó el gong instalado en el centro del parque.

Sin saber el código de emergencias estipulado entre las autoridades de la isla -dos para incendios, tres para derrumbes- despertó a varios lugareños de la isla, quienes también comenzaron a tocar campanas y a huir hacia las alturas.

Minutos después, el maremoto destruyó la caleta y todo a su paso. El tren de las olas fue realizado en quince minutos. Gracias a la pericia y la intuición de Martina, el tsunami que desvastó Juan Fernández no produjo más víctimas.

Ha sido entrevistada por varios medios nacionales y por Don Francisco en la jornada solidaria del viernes y sábado. Es la heroína del pueblo.

El conocidisímo actor Francisco Reyes habla maravillas de Martina: "Es como una niña normal del pueblo. Tiene fuerza e inteligencia. Así son los niños de Robinson Crusoe", dice el destacado actor de Conde Vrolok.

Francisco Reyes había estado en años anteriores en el archipiélago. Estuvo haciendo talleres de teatro con los lugareños. "Los hice en la escuela que hoy no existe", nos dice el afamado actor en el muelle del pueblo.

Fracisco Reyes es de esos tipos que tienen una fuerza interior distinta. Apenas supo del drama de los isleños, tomó un avión y se puso a disposición de la comunidad isleña. Y venir, aquí a Juan Fernández no es llegar y partir desde el continente. No hay vuelos en tiempos, días y horarios determinados. "Vine a hacer lo que ellos quisieran. Me puse a sus órdenes. Hice varios talleres con los niños para superarles del trauma, del dolor, del drama. Y también ayudé a la reconstrucción y a sacar escombros, como uno más".

Francisco Reyes llegó cuatro días después del maremoto y participa en todas las labores normales de la reconstrucción de la isla. Aquí no tiene maquillaje, cámaras ni glamour. Anda con pantalón corto, con "bototos" y en un destartalado jeep colgado de sus barras, llevando ayuda para los damnificados.

Hace más de un siglo, los isleños de la época, también sufrieron un maremoto y a pesar de las adversidades, lograron salir adelante y reconstruyeron su amada isla, donde se sienten haciendo patria.
Hoy creen que se les presenta una inimaginable oportunidad para crecer, reconstruir y recuperarse de las heridas del maremoto. Y nosotros, como testigos de la fortaleza de esas mujeres y hombres, creemos que saldrán rápidamente de sus dolencias y congoja pasajera...

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