“La piedra en el zapato”: El lado débil de la Agenda Reformadora en Educación. Por Christian Vittori, Alcalde de Maipú

26/05/2014 |
Es penoso que dirigentes que tuvieron cargos de responsabilidad en Gobiernos anteriores no fueron capaces de poner con fuerza, las ideas de la Democracia Cristiana en muchos ámbitos y hoy pretenden dar orientaciones en las reformas que plantea la presidenta Bachelet. Ellos debieran dar las explicaciones por demorar un debate que las bases hace mucho tiempo los mandató para impulsar en la agenda de cambios sociales que el país esperaba hace mucho tiempo.

 

La DC debería poner vigor político y hacer lo que no ha hecho hasta ahora: Impulsar una agenda Reformadora tal como lo estableció el Quinto Congreso Ideológico y Programático de 2007. Allí se estableció impulsar un variopinto de ideas renovadas, profundizar la democracia e impulsar una economía social y ecológica de mercado, con preocupación en los trabajadores y sus organizaciones sindicales.

 

En ese congreso se determinó también mejorar las reformas al mundo laboral, potenciar la negociación colectiva, garantizar el derecho a huelga y terminar con las profundas asimetrías de la sociedad chilena.


Por eso nos extraña escuchar estas frases textuales: "La Reforma Educacional adoptada por el gobierno denota una mirada más bien ideológica" (Mariana Aylwin, El Mercurio domingo 25 de mayo). Esta idea de la ex ministra de Educación, desconoce la discusión profunda del debate del Congreso Ideológico.

 

Esta idea desconoce los fines últimos que tuvo la dictadura en los años 80 para echar andar un modelo educativo que desde sus inicios promovió la desigualdad, la discriminación y las inequidades. Precisamente este debate nos llevó en el último Congreso Ideológico a un profundo debate para promover un cambio de raíz del modelo educativo existente en el país, y promover una Reforma Educacional, que fuese capaz de crear un sistema educativo con derechos garantizados: la educación como un bien público y que el Estado debe asegurar.


En ese congreso realizado en 2007, se nos mandató que la Educación tenía que ser un derecho, factor esencial para la movilidad e integración social, la superación de la pobreza y la disminución de las inequidades. Hoy tenemos la oportunidad histórica de dar un salto en mejorar la calidad de los niños que estudian, obviamente sin lucro.

 

La Democracia Cristiana entiende que el lucro no contribuye al verdadero espíritu de la labor educativa, que no es otra actitud que colaborar a la formación integral de las personas y comunidades, y para ello es necesario que los recursos que se destinan a la educación sean usados íntegramente para ese fin.


Asimismo la grave afirmación -a mi juicio- de la ex ministra cuando señala "que hay un desconocimiento de los problemas reales de los colegios: ni la selección, ni el lucro tienen hoy día una incidencia tan grande en los problemas del sistema educativo", es definitivamente una falacia. Contrariamente a lo señalado, son estas dos características y otras del modelo educativo las que precisamente han generado las mayores inequidades en el sistema de enseñanza que han atentado con la educación inclusiva.


Por ello, debemos impulsar con fuerza una agenda renovada, que exija poner fin a la selección en la educación. Asegurar el derecho a la no discriminación conlleva eliminar las diferentes prácticas que limitan no sólo el acceso a la educación sino también a la continuidad de los estudios, el pleno desarrollo y el aprendizaje de cada persona: La selección y expulsión de los alumnos es discriminatoria y arbitraria. Esas son prácticas ajenas a la esencia de la educación pública. Por el contrario debemos proponer un modelo de escuelas inclusivas. Ese es el fundamento de escuelas más justas y democráticas.

 

Seguidamente, la DC debe impulsar con fuerza el proceso de desmunicipalización. Este debate también cruzó las salas del Congreso Ideológico de 2007.

 

Allí se establecieron premisas como por ejemplo que "ha llegado el momento de terminar la dependencia de las escuelas públicas sólo de las municipalidades y (debemos) abrir la posibilidad que ellas dependan de nuevas Corporaciones Públicas Descentralizadas ya sea en el nivel local o regional; deberían iniciarse gradualmente experiencias de este tipo a la brevedad, evaluarlas y en función de eso considerar su extensión".

 

Estas corporaciones deberán contar con los equipos técnicos que le permitan administrar los establecimientos y gestionarlos en lo pedagógico; las instituciones a cargo de gestionar la educación pública deben tener las atribuciones, la flexibilidad, las herramientas técnicas y los apoyos necesarios para promover la máxima calidad de sus centros educativos.


Las bases de la DC fueron claras para adelantarse con bastante tiempo a este debate. Sin embargo sus clases dirigentes no tuvieron la fuerza y la convicción para defender estas ideas.

 

A esto debe sumarse la necesidad de mejorar sustancialmente la calidad de la educación que se imparte, especialmente en las escuelas más pobres en las regiones, en zonas rurales y en centros metropolitanos.


Sin una DC fuerte y comprometida con su alma y sus propias ideas será extraordinariamente difícil si quiere llevar adelante las transformaciones institucionales y estructurales que el país requiere. La gente quiere una DC clara, sin vacilaciones, liderando el proyecto educativo transformador de la sociedad chilena, que requiere reformas profundas, y no avanzar con freno de mano. Esa es la única forma de terminar con los abusos y la inequidad.

 

No queremos caminar más en una sociedad que pone piedras en el zapato para avanzar en la lucha contra la desigualdad.

 

 

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