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Elecciones presidenciales 2017: El centro político, la madre de todas las batallas

16/07/2017 |

Por Mario López M.

Para algunos es la clase media, para otros los independientes. Hay quienes lo ven solo como el punto medio entre izquierdas y derechas. No pocos le dotan de contenido, como la tercera vía entre capitalismo y socialismo.

Tras las primarias quedo latente en las distintas coaliciones que ninguna candidatura podrá triunfar en las próximas elecciones si no era capaz de conquistar el centro político, transformándolo en un especial objeto de deseo y en la llave que podría destrabar la previsible fragmentación del voto y, sobre todo, la apatía frente a retroexcavadoras y vueltas al pasado, con borrón y cuenta nueva.

 

Según la última encuesta CEP, el 31,9% del electorado se identifica de esa manera, superando con creces a quienes se declaran de izquierda o centroizquierda (15,9%) y casi triplicando la suma de quienes se sienten de derecha y centroderecha (11,6%).

 

Objeto de deseo

De un claro discurso que mantuvo en las internas de Chile Vamos, situado a la derecha, apenas terminada la Primaria el candidato Sebastián Piñera dejó clara su pretensión de conquistar al centro. "Vamos a trabajar para buscar el alcance y la proyección de nuestra candidatura hacia el mundo del centro", dijo.

 

Desde la DC la candidata Carolina Goic le contestó: "yo le diría: no sea patudo. Está muy bien en el sector donde la gente respondió en la primaria, que es la derecha y, sobre todo, la derecha más conservadora".

 

Quien reclama interpretar al "centro" en las últimas décadas es la Democracia Cristiana. En los dos últimos meses su abanderada ha levantado un discurso que busca reencantar a esos sectores considerados más moderados, naturalmente más cercanos a su partido, pero que se encuentran -en sus dichos-, desencantados del giro a la izquierda más extrema que tomó la coalición en la que participaba (Nueva Mayoría).

 

También su contendor, Alejandro Guillier, quien representa las otras sensibilidades del oficialismo -más a la izquierda-, ha lanzado sus redes al centro, diciendo que el Partido Radical y la Democracia Cristiana son las colectividades de la coalición con los que hay que buscar "afinidad programática y doctrinaria", pues representan ese anhelado centro, sin el cual avizora como imposible triunfar en noviembre si permite que se lo arrebate Sebastián Piñera.

 

Si hasta el discurso de Beatriz Sánchez durante las primarias apuntó al centro, diferenciándose del mensaje más de izquierda militante de Alberto Mayol, lo que en definitiva le permitió triunfar dentro del Frente Amplio, casi triplicando a su oponente. De hecho, cercanos a la candidata la han identificado en sus tiempos universitarios como "socialdemócrata, medio de centro".

 

¿Qué es el centro político?

Menuda preguntan en la que no hay una visión unívoca entre los distintos actores, ni académicos ni políticos. Suele "dibujarse"  el centro político como aquel punto intermedio entre izquierdas y derechas, lo que no pasa de ser una caricatura si lo miramos desde un punto de vista académico.

 

Para algunos, lo representa el eje mediador, el que separa a las partes en conflicto o las más extremas en ese mapa, "pero en sí mismo no tiene más identidad que la mera negación de esas visiones puramente unilaterales que están en los partidos. Ni capitalismo ni socialismo, sino algo entremedio (...) Es una praxis sin doctrina, un centro que simplemente negocia", sostiene el doctor en ciencias políticas y sociólogo Daniel Brieba.

 

Para el académico, la otra mirada del centro apunta a aquellos que reivindican desde allí la tercera vía, "sea una posición que al contrario de la del centro no está al medio de la derecha e izquierda, sino que pretende ir más allá de la una y de la otra. En la práctica, una tercera vía es una política de centro, pero idealmente esta se plantea no como una forma de compromiso entre dos extremos, sino como una superación contemporánea del uno y del otro y, por lo tanto, como una simultanea aceptación y supresión de estos", dice.

 

Los "inamibles"

Para algunos el centro, más que por uno o varios partidos políticos, está representado por el sentido común de la sociedad, aquella que pertenece al 90% de los electores que no militan y que incluso no se identifican plenamente con ninguna tendencia de las que se ofertan en el "mercado electoral", aquellos que suelen seguir más a las personas que a las ideas, a diferencia de los setenta; los que piensan que mañana igual tendrán que trabajar, más allá de quien resulte electo. Una masa criteriosa pero "inamible", como diría Baldomero Lillo.

 

Se trataría de personas que se ubican "geométricamente" al medio, equidistantes de los polos más conservadores o más liberales, lo que no significa que en determinadas coyunturas históricas adopten partido por alguna posición más polarizada. De hecho,  Mauricio Morales, profesor y PH.D. (C) en ciencias políticas, recuerda que "hay una teoría sicológica que nos hace pensar que en periodos en que existe la posibilidad de regresión autoritaria los electores se refugian en partidos moderados, que pueden garantizar el no retorno de los militares. Pero una vez que la democracia está consolidada, entonces la gente comienza a optar por opciones mucho más sinceras y, esas opciones, suelen ser más polarizadas".

 

El elector de clase media suele ser identificado como de la esencia del centro político. Si aceptamos esa identidad, entonces podríamos explicar por qué en las pasadas primarias la masa que no concurrió a votar se identifica justamente con las comunas consideradas de clase media, donde el voto para todos los candidatos -salvo Ossandón en su nicho en que fue alcalde-, no contaron con adhesión popular. Voto blando, llaman alguno, permeable a estados económicos más que a posturas ideológicas, pero determinante como voto castigo o voto balanza, que repudia los extremos.

 

La tercera vía

Para la exministra y exparlamentaria Mariana Aylwin, "el centro puede ser una cuestión de geometría si no está dotado de contenido. No es el intermedio. Está situado ahí, pero es cómo se construye una identidad, cómo se dote de contenido. En Chile siempre se ha constituido como una alternativa de cambios sociales. Lo más fundamental de una identidad de centro (...) es la convicción profunda de que la democracia y la ampliación y perfeccionamiento de ella, son esenciales y no nos podemos mover nunca de aquello. Si bien tiene que estar lejos de soluciones oportunistas, también hay dilemas que es necesario plantearse: acá podemos pensar en el centro como camino propio o en el centro en la alianza con otros", explicó.

 

La tercera vía fue la que levantó en sus orígenes la Democracia Cristiana, por sobre el capitalismo y el socialismo, como representa la flecha roja. Ella interpretó en tiempos de la guerra fría al centro político, que se había divorciado en buena parte del radicalismo de unas décadas antes. Ese centro más militante se identificó con la Concertación tras el advenimiento de la democracia luego de la dictadura, un centro que en la medida en que se polarizó el país entre aquellos que buscaron aplicar retroexcavadora para remover los cimientos del modelo impuesto en dictadura y los que aplicaron estrategias de terror para retener sus prebendas que le aseguraba el modelo, se sintió solitario.

 

Sea laico, liberal o socialcristiano, o todos juntos, pero centro con contenido y voluntad de cambio, también con demandas de estabilidad, gradualidad y paz social, esa "Revolución en libertad" que supo encarnar Eduardo Frei Montalva, que concilió profundas reformas sociales que buscaban emparejar la desigual cancha con estabilidad política. Eso es lo que parece que también intentó la actual Presidenta Michelle Bachelet, solo que la vorágine de cambios fue más voluntarista que realista, según reconoció el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. Cambios que demanda la sociedad, pero sin perder lo avanzado.

 

Cantos de sirena

No es nuevo el intento de la derecha de capturar el centro. Ya la dictadura y los civiles que le sirvieron -muchos de los cuales siguen perteneciendo a la cúpula dominante de Chile Vamos-, impusieron en los medios y de manera grandilocuente el concepto "centroderecha". Incluso hablaban con eufemismo desde la UDI de conquistar el llamado "Centro Social" que acuñó Pablo Longueira. El sistema binominal hacía posible aquello.

 

Hacia el centro dirigió su discurso Manuel José Ossandón. Demandas valóricas consideradas más propias del centro pretendió encarnar Felipe Kast durante las primarias. No cabe duda que el voto por el senador independiente es más transversal que parte de la derecha dura, que estuvo con Piñera.

 

Ese es el primer sector que atacará el exmandatario, cierto de que es casi un voto más "anti Piñera". Pero no le será fácil. En 2009 ganó con el voto de centro que pretendió castigar a la centroizquierda que se había anquilosado en el sistema, volviéndose parte del paisaje.

 

Esa será la trinchera que Goic le disputará de manera directa y él lo sabe. Incluso desde sectores de izquierda se ha dejado de ver como inconveniente la candidatura DC, pues ella sella a Piñera la facilidad de permear ese nicho. El mismo Guillier ha entendido en sus últimas alocuciones que su mensaje debe dirigirse hacia ese sector más moderado, pues tras las primarias quedó demostrado que el Frente Amplio no es el contendor a derrotar.

 

La gran tarea... pero no la única

Desde la perspectiva de los candidatos de centro izquierda, desde Carolina Goic a Marco Enríquez-Ominami, pasando por Alejandro Guillier y algunos más, están cada vez más convencidos que la unidad del sector es la más importante tarea pendiente a cumplir. Por ello se han allanado a varias candidaturas y listas con el compromiso de converger en segunda vuelta tras el ganador.

 

"Creo que la conclusión principal de la primaria es que la pelea no es con Beatriz Sánchez, es con la derecha por el espacio del centro", aseguró el diputado "guillerista" y experto electoral Pepe Auth.

 

¿Pero será ello suficiente? Lo claro es que la derecha sola no gana la elección. Para el senador Carlos Montes (PS), "Chile no es un país de derecha, el Gobierno de Piñera fue una excepción". Sin embargo, está cierto que hoy ese ese justamente el candidato mejor aspectado a los próximos comicios, pues el escenario electoral para el mundo progresista  "está bastante difícil", pero "no perdido", asegura, llamando de paso a recomponer la centroizquierda y reencantar a los chilenos.

 

El centro y sus varios papás

Daniel Brieba se pregunta: "¿qué tipo de centro le convendría a Chile? Creo que más que un centro a secas, lo que Chile necesita es un centro con apellido. Un centro con contenido ideológico distintivo. Hay más de una ideología que podría llenar ese contenido, por ejemplo la revigorización de un centro social cristiano, que se ha ido indiferenciando. El que me hace más sentido es un centro liberal igualitario, la coordinación inteligente entre los valores tradicionalmente opuestos entre libertad e igualdad", dice.

 

Claudio Oliva, profesor de Filosofía del Derecho, acota que en Chile "el espacio para el centro se redujo, pero creo que estamos en un periodo donde se vuelve a abrir. Otra vez tenemos una izquierda que abandona el pragmatismo, en un obtuso programa de reformas socialistas, y al otro lado tenemos esa derecha que no se decide a desprenderse de Jovino Novoa y Carlos Larraín. En una frase: un movimiento de centro liberal tiene más posibilidades de interpretar las aspiraciones de las grandes mayorías. Tiene la posibilidad de ser un movimiento con ideas, pero a la vez sin anteojeras ideológicas. Un conglomerado que se mueva por ideas y no por el deseo de agradar a grupos de interés tiene muchas más posibilidades de enfocarse al interés público", sostiene.

 

Para el analista político Sergio Muñoz, el centro "alude a un espacio diferenciado de la derecha e izquierda. Aunque sea impreciso, movible, cambiante, es una opción valedera. Se trata de esa codiciada colina que aparece en algunas encuestas cuando se pide a las personas que se ubiquen en una línea imaginaria en que 1 es la extrema izquierda y 10 es la extrema derecha. La mayoría se ubica entre 4,5 y 5,5, con variaciones según los tiempos que corren. ¿Qué es esa colina? Al parecer un deseo de equilibrio, de moderación, de rechazo de los extremos, pero que se mueve, como la sociedad. La posibilidad de que exista un centro depende de los valores en que se sostenga. Si el centro es mero disposición de ponerse donde calienta sol, no sirve".

 

Algunos lo identifican con la clase media, otros con una difusa masa de independientes; como sea, el centro es la codiciada colina que está expuesta a los cazadores de votos y que desde luego todos miran de reojo, el objeto de deseo de la clase política, a los que se quiere reencantar, conquistar, seducir, secuestrar.

 

Magna tarea la que queda en estos cuatro meses a las distintas candidaturas. Unas como Goic y Guillier lo intentarán naturalmente, pues es su nicho. Otros se disfrazarán...

 

 

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