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Sondeos de opinión pública: El uso de las encuestas como arma política

27/04/2013 |

Por Javier Insulza M.

Experto electoral explica que “en Chile, país con poco rigor metodológico, el tema de si son encuestas telefónicas o no y cuáles son los parámetros de muestra, dan cabida a un instrumento vulnerable. Eso ocurrió en las elecciones municipales”.

 

El 8 de noviembre pasado, sólo 11 días después de las elecciones municipales que dejaron al descubierto la manipulación de las encuestas políticas por parte de algunos medios que apoyaban a candidatos perdedores, Roberto Méndez, director de Adimark, una de las consultoras encargadas del tema más conocidas en Chile, informó en su cuenta en twitter que ese mes no entregarían resultados, tal como no lo habían hecho el mes anterior, y que la realización del sondeo se suspendía de forma indefinida.

 

Al parecer, en Adimark sólo optaron por tomar unas vacaciones algo más largas que lo habitual, pues el 4 de marzo de este año el mismo Méndez dio a conocer que días más tarde se retomaría la difusión del sondeo que realiza su empresa.

Con ello, Adimark dio el puntapié inicial para la nueva guerra de sondeos en el período de elección presidencial que se avecina.

 

Y aunque los expertos han estado aún cautos, con la información de que el CEP, a quien en Chile se le conoce como el elaborador de la “madre todas las encuestas”, por estos días está concluyendo su trabajo de campo, ha dado origen a la publicación de dos encuestas más, de aquellas conocidas como serias.

 

Una es el tradicional sondeo de Imaginaccion y Cooperativa, a la que en este año integraron a la Universidad Central. Dicho estudio se realiza mensualmente y los resultados fueron muy atingentes a la situación que se vivía en Chile cuando se conocieron los datos. El estudio se publicó el martes 16 de abril en la mañana, es decir, el mismo día que  comenzaba en el Senado la vista de la acusación constitucional en contra del entonces suspendido ministro de Educación, Harald Beyer.

 

 

La oportunidad de los datos lo dio el hecho de que se consultó por el respaldo al movimiento estudiantil, el que alcanzó un 86%.

 

Pero no fue el único estudio aparecido en esos días. Luego se conoció el informe de la Universidad Diego Portales (UDP), que intentó adelantar un panorama del escenario presidencial de este año, buscando hacerse cargo del factor “voto voluntario”, al cual culparon las encuestas del año pasado que resultaron casi todas fallidas. Para ello, el sondeo añadió el concepto de “votantes seguros”, pero si el encuestado miente no servirá de nada y el riesgo sigue existiendo.

 

Por cierto, algunos medios leyeron los datos de la forma que más les agradó y, en lugar de resaltar sólo la ventaja del candidato UDI, Laurence Golborne, sobre su par de RN, Andrés Allamand, más de alguno optó por insistir en su tesis de que hay un empate técnico, gracias a los “votos seguros”, lo que más parece una estrategia del que va perdiendo y que lo único que se quiere hacer es reforzar la tesis de La Moneda sobre el estancamiento del ex gerente de Cencosud.

 

Ni hablar sobre la lectura en el caso de Michelle Bachelet. El sondeo le asignó un 49,3% de las preferencias en primera vuelta y algunos medios, en lugar de hablar del escaso margen para obtener el 50% más uno necesario para no ir a una definición en diciembre, optaron  por decir lo mismo con términos negativos y bajarle el perfil al número.

 

Interpretar v/s Manipular

 

Por cierto, todo aquel que difunde los datos se escuda en que es su interpretación de los mismos, pero ya está asentado que en Chile la interpretación ha ido dando paso a la manipulación.

 

En conversación con Cambio21, el analista electoral René Jofré explica que “hace harto rato que está comprobado que las encuestas se usan como herramienta y como arma de campaña política”.

 

El experto electoral del PPD añade que “en Chile, que es un país con poco rigor metodológico, el tema de si son encuestas telefónicas o  no  y  cuáles son los parámetros de muestra dan cabida a un instrumento vulnerable. Eso ocurrió en  las elecciones municipales”.

 

Por su parte, el director de Adimark, Roberto Méndez, explica a Cambio21 que, en su entender, las encuestas más reputadas no se manipulan, porque las personas que las hacen están preocupadas de  tener su prestigio y seriedad. “Hay algunas de fines mas electorales,  en las que no se descarta que exista manejo”, reconoce Méndez.

 

El director de Adimark también se refiere a la pasada elección municipal y admite que los especialistas en encuestas sabían que había dificultad para predecir la elección, por el cambio al sistema de voto voluntario. “Los que hacemos investigaciones no hicimos encuestas predictivas, excepto los diarios y sus resultados fueron distorsionados”, agrega.

 

Pero sobre ello, la directora de MORI, Marta Lagos, argumenta que “los medios de comunicación hacen encuestas para vender diarios y no para anticipar comportamiento electoral. Esas encuestas no son de predicción electoral, pues no fueron definidas para ello y no se pueden mezclar productos”, dice tajante la socióloga que va más allá y dice, “si los que las usan les dan el carácter predictor, es un error, porque son sustitutos de algo que no existe”.

Tipos de manipulación

 

René Jofre admite que interpretar y manipular son dos cosas diferentes e incluso hace una inflexión: “Manipular una encuesta debiese ser una situación sancionable”.

 

Pero la pregunta que cabe hacerse es ¿cómo se manipula una encuesta? La directora del centro de estudios MORI, que elabora además el reconocido Latinobarómetro, Marta Lagos, explica a Cambio21 que existen muchas formas de manipulación de encuestas.

 

“Una opción es hacerlo al realizar una pregunta desbalanceada que tiene opciones limitadas de respuestas. Eso es bastante fácil de identificar”, explica Lagos, quien pone un ejemplo, “Quiere ser feliz es una pregunta tildada, que puede parecer inocente, pero dónde no hay dos opciones de respuesta”, dice.

 

Otra manera más sofisticada es la no representación,  es decir, no incluir a un universo determinado en las respuestas. “Puedes manipular al restringir el universo de consulta  y determinando las características de quienes responden. Es más sofisticada porque no te das cuenta fácilmente”, añade la socióloga que incorpora un nuevo ejemplo. “Preguntarle a los 120 empresarios más ricos de Chile no sería una muestra representativa del sector, pero aparece una muestra como tildada por el universo en el que se encuentra”.

 

La tercera manera es hacer un mal trabajo, que es hacer cualquier cosa. “Si entrevistas aleatoriamente sin considerar día, hora y zona en la que realizas el trabajo, puedes tener cualquier resultado y eso también es manipular”, dice Marta Lagos.

La directora de Mori explica que hay una cuarta forma de manipular a través del valor del resultado.

 

“Si tengo una pregunta sobre un líder político y sólo un 20% de la gente Admite conocerlo y el otro 80% dice que no conoce a la persona, lo que se hace es inventar  una realidad inexistente”.

 

“Existen reglas para preguntar políticamente. Por eso no se dan los  resultados en los que a la persona o situación la conoce menos del 50% de los consultados y cabe señalar que, a la mayor parte de los políticos los conoce menos de la mitad de la gente”, explica la socióloga.

 

El analista René Jofré agrega que, más allá de la manipulación propiamente tal, hay también un estilo de propaganda que se hace pasar por encuestas.

 

“No es raro ver dos semanas antes de las elecciones unos panfletos muy bien hechos que circulan  en comunas donde se dice que el candidato X gana según encuesta, y esto lo reproducen los medios, especialmente los locales”, dice Jofré.

Se busca credibilidad

 

Hay consenso que tras las elecciones municipales del año pasado las encuestas perdieron toda credibilidad y la tarea ahora es recuperarla. Para ello los analistas creen que es hora de fijar nuevas reglas.

“Se debe establecer un código o mecanismo reglamentario, como en otros países en los que está regulado”, dice René Jofré.

 

Para la socióloga Marta Lagos, deben existir estándares mínimos de publicación y la posibilidad de rebatir y cuestionar todo en base a un código de ética que acá no se ha querido hacer.

 

“En países del primer mundo existe una asociación de especialistas. Acá se creó en 1999 y se cerró en 2002, porque no había acuerdo para crear un código de ética que a la fecha no existe”.

 

La directora de MORI va aún más allá y apunta al ataque entre colegas. “Si te descalificas entre pares, difícilmente se puede crear una comunidad. Es un milagro que no haya más indignación contra las encuestas”.

 

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