¿Qué sorpresa nos depara el régimen electoral voluntario? Por José Galiano H. Abogado
Las próximas elecciones –Municipales y Presidenciales– serán las primeras que nos demostrarán los verdaderos efectos del nuevo sistema. Que habiendo sido el principal anhelo político del Dictador, los astutos asesores del Gobierno de facto, le advirtieron que en la situación vigente en Chile – en esa época – semejante medida sería impresentable ante el Mundo.
Pero a esos políticos de la derecha, que no tuvieron coraje, ni siquiera para repudiar los crímenes, las torturas, ni el lanzamiento de las víctimas al mar; les ha correspondido ahora, jugar a la democracia como si nada hubiera pasado. Con clara visión de futuro y aprovechando la ingenuidad - real o aparente - de la oposición, se estableció que el ejercicio efectivo de la soberanía fuera voluntario.
Esta disposición aberrante, es una denegación colectiva al más importante de los derechos humanos internacionales, establecidos en los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos, sociales y Culturales.
El artículo primero de ambos Pactos sostiene textualmente: "Todos los Pueblos tienen el Derecho de Libre Determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen, así mismo, a su desarrollo económico, social y cultural".
Los textos completos de ambos Pactos fueron aprobados por todos los Estados del Planeta; y obviamente, impusieron a todos los seres humanos adultos, sanos y habilitados jurídica e intelectualmente, el deber esencial de ejercer su cuota de soberanía. Única manera efectiva de generar el auténtico derecho a la auto determinación del Pueblo; es decir de conocer la verdadera voluntad de la mayoría. Esto ni siquiera significa denegar el derecho a expresar la marginación de los indecisos, porque frente a toda consulta hay 3 opciones: aprobar, denegar o votar en blanco, que significa: "no estoy suficientemente informado" o "me da lo mismo" o "me allano a lo que resuelva la mayoría".
Pero es muy distinto: "que sólo vote el que quiera" a "que vote en blanco quien no pueda o no quiera pronunciarse".
En cuanto al significado de la frase con que titulé mis preocupaciones sobre el tema, consiste en una tan grave prevención, que me encantaría estar equivocado. El peligro a que aludo tiene dos etapas:
a) Me temo que la abstención superará el 30% de los "ciudadanos con derecho a voto"; y
b) Creo - con más temor aún - que las dos terceras partes de ese 30%, recaerá sobre quienes habrían sido eventuales electores de izquierda.
Mis deplorables y pesimistas vaticinios responden - a mi juicio - a las siguientes causas:
1) En Chile, como en casi todos los países, la gente de trabajo - que por regla general y casi absoluta en Ibero-América - dispone de ingresos abusivamente reducidos ($193.000 mensuales, como sueldos o salarios mínimos, en Chile, según reciente aumento a dicha cifra, hace apenas 60 días).
2) La gran mayoría de los trabajadores con ingresos muy bajos, pertenece a las corrientes sociales o ideológicas de izquierda; pero por fuertes que sean sus convicciones intelectuales o emocionales, no pueden darse el lujo de gastar $.1000 ó $2.000 en pasajes, si se los puede ahorrar.
3) Virtualmente - durante los 52 años que estuvo vigente la Constitución del 33 - en todas las elecciones políticas solo votaban los ricos; y su calidad de tales se acreditaba a través de los impuestos. Desde que se puso término a semejante discriminación social e ideológica, la derechase vio obligada a recurrir al cohecho, para mantener su apoyo político mayoritario. Naturalmente, cuando las necesidades económicas abruman, lamentablemente se abaratan las conciencias.
4) A partir del Plebiscito que se dio por aprobada la Constitución de 1980, el cohecho ha sido hábilmente restablecido. Pero no cabe duda que será mucho más eficaz la compra de voluntades; y la constatación de que se vendieron; si se paga por no votar, que si se pagará por votar en blanco.





























