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Un Agosto de Celebraciones. Por Julio Urzúa. Administrador público

08/08/2012 |

El esfuerzo personal de deportistas como Tomás González, debe ser sin duda motivo de orgullo y satisfacción para los chilenos. Pero desafortunadamente, en los Juegos Olímpicos no existe una categoría deportiva donde el sacrificio personal entregue puntaje extra. Lo mismo que ocurre en cualquier ámbito de la vida.

Por una parte, se dio a conocer la encuesta mensual que elabora la empresa Adimark, la cual arrojó, entre otras informaciones, que el apoyo ciudadano a la gestión de Gobierno del Presidente Sebastián Piñera alcanzaba un 36%, aumentando en comparación con anteriores mediciones, y convirtiéndose en la mejor cifra de los últimos 15 meses. Amplias sonrisas no tardaron en dibujarse en el rostro de diversas autoridades de Gobierno, quienes se apuraron para enfrentar a los medios de comunicación, y alegremente expresar que el aumento del apoyo ciudadano al liderazgo del Presidente Piñera era un claro respaldo a la gran obra del Gobierno.

 

No obstante, el jolgorio de aquel lunes de invierno no se limitó sólo a funcionarios públicos satisfechos por el gran respaldo de la ciudadanía a la sólida forma como se está guiando el destino de la patria, pues hubo también muchos compatriotas quienes sintieron invadidos sus corazones por un gran sentimiento de satisfacción y orgullo por el papel hasta ahora jugado por Chile en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, y en especial por la gran actuación del representante nacional en la categoría de gimnasia, nuestro flamante Tomás González.

 

Los Juegos Olímpicos son la representación de la competencia deportiva planetaria en la cual se mide, cada 4 años, a los mejores en cada disciplina. Cierto es que existen otras competencias deportivas de alto nivel (el fútbol es una de ellas) en las cuales se establece quiénes son los merecedores de levantar la copa que los hace acreedores del calificativo de mejor del mundo. Sin embargo, nadie podría discutir el hecho de que el pináculo de toda competencia deportiva son los Juegos Olímpicos.

 

En Londres 2012, el resultado para Chile habla por sí sólo. Cero medallas. Si bien los Juegos aún no concluyen, los competidores nacionales regresarán con las manos vacías, y con la amarga sensación de que no estamos entre los mejores en ningún deporte, y que probablemente tampoco estamos entre los 10 ó 20 mejores en la gran mayoría de los deportes en competencia.

 

La situación se agrava aún más cuando se analiza a todos los países que han obtenido el mismo deplorable resultado, pues de los países que han obtenido cero medallas, Chile ha llevado una delegación más grande que muchos de ellos, con 35 atletas; un número mucho mayor que los 5 de Bolivia, los 8 de Paraguay, los 11 de Costa Rica, los 6 de Nicaragua, o los 16 de Perú, por citar sólo algunos. Es decir, si se calcula una tasa de obtención de medallas entre ellos, Chile obtiene la más baja.

 

El esfuerzo personal de deportistas como Tomás González, debe ser sin duda motivo de orgullo y satisfacción para los chilenos. Pero desafortunadamente, en los Juegos Olímpicos no existe una categoría deportiva donde el sacrificio personal entregue puntaje extra. Lo mismo que ocurre en cualquier ámbito de la vida.

 

Son muchos los chilenos que han salido adelante en condiciones muy adversas. Existen miles de ejemplos de grandes profesionales que se desempeñan en variados ámbitos del quehacer profesional, quienes para llegar donde están tuvieron que superar un sinnúmero de dificultades. Sin embargo, no conozco a nadie que contrate los servicios de uno de aquellos profesionales por el esfuerzo personal que puso para sacar su título. ¿O acaso usted operaría a un hijo con un médico, que aunque no es muy bueno en lo que hace, sacó su título con mucho esfuerzo?

 

Para obtener el oro en los Juegos Olímpicos se debe trabajar muy duro, y muchas veces en condiciones adversas. No hay ningún deportista que haya alcanzado la gloria en los Juegos sin trabajar con ahínco, constancia, disciplina y rigor, día a día. En consecuencia, el esfuerzo de los competidores chilenos es un atributo compartido con los cientos de competidores que llegaron a Londres. Celebrar sólo el esfuerzo de un deportista no es suficiente, ya que en ese caso debiésemos celebrarlos a todos.

La generalizada sensación de satisfacción por un cuarto lugar en los Juegos Olímpicos es una clara señal de que la ciudadanía está ávida de triunfos deportivos. Y eso es comprensible. El éxito deportivo significa mucho para una sociedad, pues es el ícono de aquello que denominamos valores positivos. No es el oro por sí mismo lo que tiene valor, sino que es todo lo que aquella medalla representa; es alcanzar el éxito en base a la constancia, al trabajo y al tesón.

 

El éxito deportivo no guarda relación con la población de un país, pues Nueva Zelandia, con 4 millones de habitantes ha obtenido 9 medallas. Tampoco está relacionado con el Producto Interno Bruto; pues Guatemala, con un PIB muy inferior a Chile ya ha obtenido medalla de plata. Tampoco se relaciona con la raza del competidor, pues existen campeones de diversos orígenes étnicos. El éxito tiene que ver con el trabajo detrás de cada deportista. Un trabajo que en Chile no existe, y si existe, los hechos demuestran que es insuficiente.

 

Hay ejemplos de deportistas chilenos que han triunfado en competencias anteriores. Sin embargo, estos triunfos han sido producto de un trabajo forjado en base a decisiones aisladas e independientes de una política de país. Así las cosas, Chile se encuentra a merced de destellos que producto de la generosidad de unas pocas manos privadas, han logrado financiar carreras deportivas que han culminado en la obtención de medallas.

 

Me inclino a pensar que esta situación está tocando fondo, y ha llegado el momento de que nuestro país comience a formar campeones de manera seria. Campeones que se conviertan en héroes, campeones que sean un ejemplo para otros miles que aspiran a ser los mejores en sus propias disciplinas, sean éstas deportivas o no. Me imagino la emoción de los chilenos al ver regresar a un puñado de muchachos y muchachas trayendo el oro de los Juegos Olímpicos. Ese sí sería un gran motivo de celebración nacional.

 

La pregunta entonces que debemos formularnos es: ¿Queremos, como sociedad, seguir celebrando el esfuerzo, o queremos ser campeones? Tiendo a pensar que todos deseamos lo segundo. Por lo tanto, la siguiente pregunta que surge es: ¿Qué debemos hacer para obtener campeones para Chile?

 

Una de las frases que más se ha oído últimamente es la llamada falta de apoyo a los deportistas. Sin embargo, no existe una cuantificación de aquella falta de apoyo, o si la existe, no se ha hecho pública. Sería interesante conocer las cifras que convertirían esa falta de apoyo en apoyo concreto.

 

Los próximos candidatos a la Presidencia de la República tienen una gran oportunidad: Cuantificar el apoyo que se requiere para tener medallistas para Chile y proponer al país un plan de trabajo serio orientado a la obtención de resultados concretos y no morales. Es decir, dibujar un sueño y plasmarlo en un plan de trabajo que lo convierta en realidad.

 

Es posible que cuando aquel sueño se concrete, y existan campeones nacidos en nuestra tierra, todos tengamos verdaderos motivos para celebrar, el Gobierno por hacer las cosas bien, y la ciudadanía por contar con los mejores entre los suyos.

 

 

 

 

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