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Ex subsecretario de Pinochet y actual diputado RN Alberto Cardemil: “El triunfo del No fue bueno para Chile”

12/08/2011 |

Por Oscar Reyes P.

El cuatro veces diputado por Santiago Centro afirmó en conversación con Cambio21 que la transición que comenzó con el plebiscito de 1988 terminó con la elección de Sebastián Piñera, el año pasado. Sobre la efervescencia actual, dice que hay que oír lo que la gente está planteando y realizar reformas políticas, incluida la del sistema binominal.

Actor importante en el desenlace del plebiscito del Sí y el No en 1988, Alberto Cardemil reconoce que ese fue un día duro y tenso, pero que lo dejó con una sensación de deber cumplido. Era subsecretario del Interior, encargado de entregar los cómputos, el rostro visible de lo que para mucho fue un retraso intencional de la difusión de la derrota de Pinochet.

 

-Más de 30 años después, ¿cree que fue bueno para Chile?

-Sí, fue bueno para Chile, no hay duda. La gente es sabia. No daba para más, estaba todo el mundo en contra; el ambiente internacional, imposible. Lo que yo tenía dudas era de si íbamos a poder hacer una transición con el orden y el sentido común que lo hicimos. Porque era un salto, no al vacío, pero sí una camino que teníamos que recorrer en forma difícil. Yo creo que la transición terminó con la elección de Piñera. Es una persona que votó que No, salió apoyado por los que votamos que sí, con ministros de Pinochet y ministros de Allende adentro.

 

Sin embargo, el diputado de RN por el distrito 22 de Santiago Centro desde 1994 reconoce que no apoyó desde un principio al actual presidente. "Yo no estaba en condiciones de quitarle mi apoyo a Joaquín Lavín, que había sido alcalde de Santiago, con el cual había trabajado toda una vida y por quien había recorrido el país para decir que era el mejor candidato. ¿Cómo aparecía después diciendo que no? En la segunda vuelta apoyé a Piñera absolutamente y tengo una excelente relación con él, respetuosa, de deferencia, porque él sabe que le digo las cosas como las pienso. Me puedo equivocar, pero por Dios que los presidentes necesitan gente que les digan las cosas".

 

-¿Ud. cree que hay que hacer reformas de la política y las instituciones?

-Sí, absolutamente. A nuestro gobierno se lo percibió con una cierta actitud altanera, sordo, exitista, subiendo las expectativas, como que lo que planteábamos era lo mejor del mundo. La gente en las encuestas nos está diciendo claramente que no tiene la misma percepción, que hay cosas que corregir. Me gusta lo que ha dicho el presidente, que hay que oír la voz de la gente, que hay una serie de materias donde hacer correcciones. De hecho, nosotros se lo hemos planteado formalmente, y que lo haya tomado, junto con el cambio de gabinete, también es una señal. Hay además una sociedad en cambio y hay que entenderla y tratar de expresar esos cambios en conductas, en actitudes y en decisiones de política pública de mucho mayor rigor. La gente ha subido sus exigencias y cada vez tiene más claro que el poder no es para servirse sino para servir a los demás. Aquí hay que plantear temas de fondo y llegar a acuerdos con la oposición respecto de qué hacer estos dos años. Hay que definir cuatro o cinco cosas que hay que empujar entre todos, que son las que hay que hacer en materia social, energética, económica y en materia política.

 

-¿Se refiere a cambios de fondo?

- Yo no descarto para nada una reforma que signifique grados crecientes de democracia en los partidos políticos, financiamiento público de la política, una superintendencia de partidos políticos, contabilidad pública, aumento del número de senadores, algunos ajustes al sistema binominal. Me parece a mí que eso hay que hacerlo y yo lo he planteado.

 

-¿Qué tipo de cambios haría al binominal?

-Yo creo que, en lo grueso, nadie está interesado en cambiar sus fundamentos, porque le ha dado estabilidad al país. Me parece que el tema está en un grado mayor de sensibilidad para situaciones concretas, que es el problema de las minorías. Una idea es aumentar el número de diputados, entre 6 y 10, y darles representación a los grupos que logren un porcentaje de votos nacionales y que por el sistema no obtengan escaños en el parlamento. Me parece que eso puede ser una cosa interesante, premiando las terceras más altas mayorías o estableciendo que un partido político que logre más del 5% va a tener tantos diputados, y así, subiendo. O sea, alguna corrección al sistema que permita una representación más justa de las minorías.

 

-¿A usted le gusta o le disgusta que los ministros vengan del Senado?

-Poco me gusta; es una interpretación abusiva de la Constitución. Esto lo inauguró la Concertación hace tiempo y el gobierno ha seguido. Digo como explicación, no como justificación, que todos los políticos de la Alianza están en el Congreso, porque como hace 20 años no estábamos en el gobierno, si uno quería hacer política estaba en el Congreso, y si no, era profesional o estaba en la academia. No teníamos otra cantera de donde sacar piedras para construir que de ahí. Fue un mal necesario, pero a mí no me gusta. Nosotros en la comisión de Constitución tenemos el tema y vamos a votar. Hay varios caminos. Uno es prohibir. Eso tiene la ventaja de que no repetiríamos la situación, pero tiene la desventaja de que refuerzas el presidencialismo, que acá es bien alto. La otra alternativa es facilitarlo e ir a una elección complementaria, que es lo que me disgusta menos. Otra es que se pueda nombrar, pero no reemplazar.

 

-¿Usted cree que en este año y medio de gobierno se perdió al poner a técnicos y no a políticos en el gabinete?

-Es indudable que perdió profundidad política. La idea es bonita, pero parece que los políticos chilenos no son  tan malos y al final son los que tienen que sacar a flote a los gobiernos de los técnicos. A mí me gustó la decisión del presidente, creo que le da profundidad política al gabinete, que incorpora a todos los que tiene algo que decir en materia política y creo que vamos a ganar en contundencia. Con esto, unido a que estamos escuchando la voz de la gente, y no creo equivocarme, auguro crecientes de acuerdo político. Yo creo que vamos a salir a flote, como siempre lo hace Chile, y nos vamos a mantener en el camino del progreso. Y yo espero, y esa es la prueba de la blancura, que demos para un próximo presidente de la Alianza.

 

Los archivos del Cardenal

-La serie que está transmitiendo TVN, Los archivos del Cardenal, ¿va a terminar como clavo amohosado, como dijo Carlos Larraín?

- Cualquiera tiene derecho a hacerla, pero TVN tiene otros estándares, es el canal de todos, se financia con la plata de todos los chilenos, tiene normas propias que lo obligan al equilibrio y a la prudencia y a la búsqueda de la unidad nacional, y al pluralismo en materia informativa y editorial. A mí juicio, en este caso hay un abuso de su posición. Me parece criticable. Además, creo que es un canal alineado con la oposición, cosa a la que tiene derecho todo el mundo, incluido el distinguido diario con el que estoy conversando, porque esa es su posición y yo no tengo a quién reclamarle. Que a mí su diario me dé duro, yo tengo que entender que tiene todo el derecho del mundo. Pero al canal de todos los chilenos le tengo que pedir mayor cuidado y equilibrio con sus posiciones políticas y con sus objetivos. He sido súper duro. Ahí se ha ido conformando una especie de clase periodística muy activa, muy protagonista, que tiene agenda y objetivos propios y está jugada a eso. Y lo hace con plata mía. Protesto. Si usted quiere hacer eso, no lo hace con plata mía.

 

-¿Le parece mal que haya recibido recursos estatales?

-Ese es el punto, por eso digo que es un abuso de platas públicas. La administración anterior lo dejó amarrado al financiamiento público. Y ahora, qué le vamos a hacer, que den la serie, si yo no lo voy a impedir, ya la vi, ya sé de qué se trata.

 

-¿No le complica el guión? Carlos Larraín plantea que volver atrás y dividir en buenos y malos es contraproducente.

-Reeditar con fines electorales actuales una confrontación que hubo hace 40 años, es clásico en estos grupos. Qué le vamos a hacer. Yo creo que la gente está en otra, completamente. La guerra ya terminó en el corazón de los chilenos hace mucho tiempo, hay otras urgencias, otras necesidades, otros problemas, y creo que quedan bien desfasados. Clavo amohosado... no había oído la metáfora. No es mala.

 

"¿Y en Iquique?"

Dice que antes del último cómputo del plebiscito de 1988 Pinochet bajó a su oficina en La Moneda, cerró la puerta, se le sentó al frente y le preguntó los resultados: "Bueno, presidente, perdimos el plebiscito, le digo y le doy las cifras. ¿Y en Iquique?, me pregunta. Perdimos por el mismo margen que en Santiago, le respondí. Él había hecho un gran esfuerzo por Iquique, había metido muchas platas fiscales ahí. Entonces, le digo, me voy a ir a dar el resultado. No, me dijo, todavía no, porque yo tengo que citar a los comandantes en jefe, porque ellos son mis electores, yo soy  candidato propuesto por los electores, sujeto a la ratificación popular, así que yo les tengo que dar a ellos primero la información. Yo dejé el auto funcionando afuera (para partir al edificio Diego Portales); no participé en esa reunión. Fue como a las doce y duró una hora y media. Por eso nunca me gustó lo de Matthei, porque el presidente lo citó para darles los resultados, así que no tenía para qué salir a dárselas de que era el que venía a desarmar bombas".

 

Recuerda que cuando dio el resultado final "sentí una tremenda  ovación que me llamó la atención. Era del comando del No, que funcionaba al frente".

 

-El 5 de octubre, en lo personal, ¿es el día más importante?

-¿De mi vida? No, he tenido otros más importantes, cuando me han elegido diputado, cuando he perdido elecciones. Era el trabajo que tenía que hacer. El subsecretario del Interior era el ministro de fe.

 

-¿Y qué pasó el 6 de octubre?

-Me levanté temprano a dejar a los niños al colegio. Llegué a La Moneda y había un ambiente de tranquilidad absoluta en todos lados. Nunca vi a nadie que estuviera diciendo que había que hacer estupideces, francamente, ni a nadie en una idea torpe e imposible de desconocer los resultados del plebiscito.

 

"Tengo que competir con el candidato de la UDI"

-¿Va a ser candidato a senador?

-Yo planteé que sería candidato a senador de todas maneras en estas elecciones y que mi propósito era ser candidato a por Santiago poniente, que es mi circunscripción natural. Y dije a continuación que si se abre Arica, cosa que está por verse, yo estaba disponible a moverme a Arica, que es una región que me interesa desde el punto de vista de su problema social y geopolítico. Estamos viendo estos temas.

 

-¿Y será candidato por Santiago poniente aunque vaya Jovino Novoa?

-Sí. Yo voy a ser candidato por Renovación Nacional, tengo que competir con el candidato de la UDI.

 

-Jaime Orpis anunció que no irá por Arica.

 

-Él ha planteado que no va a ser más candidato y que si lo es prefiere serlo por Iquique, entonces ahí se abre una competencia. Aquí no ha sandías caladas. En esta materia hay que ir a la pelea y la gente lo que pide es eso. Dentro de las reformas de posición y de actitud de los políticos, piden claridad en las ideas, firmeza y competencia. Apertura, transparencia.

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